Entro corriendo en el bar, me resguardo de la lluvia torrencial que está cayendo sobre las calles de Madrid.
Siento una mirada fija en mi espalda. Me giro, oigo las gotas caer de mi pelo empapado. Me doy la vuelta. En silencio. Todo el mundo callado, sin moverse, respiraciones agitadas, mandíbulas apretadas. Él está aquí, muy cerca. Me vigila, todos nos miran; primero a uno, luego a otro.
Él con su gran y burlona sonrisa, me mira. Me esperaba.
La gente no nos conoce, somos los guardianes. Seres inmortales que llevan luchando desde el principio de los tiempos, no sabemos ni porqué luchamos, pero lo necesitamos, es nuestro instinto, nuestras almas siempre se buscan, hasta que se encuentran.
Ella, la más pura de las mujeres, blanca, como la luz.
Él, el más oscuro de los hombres, oscuridad todo su ser.
Reencarnados en cuerpos humanos, que no entienden nada, hasta que se nos reencontramos, ellos, tan inocentes, sacan sus espadas poderosas a nuestra orden. Salimos a la calle. Llueve, no importa. El suelo resbala, no hace falta pisarlo. Las luces se apagan, nos sentimos. Los haces de las espadas indican el comienzo de la batalla.
Relámpagos, truenos, agua; nuestras espadas chocan, retumba el suelo; nos alejamos por el impacto, nos miramos a los ojos. Sus ojos negros reflejan mis ojos de luz.
Quiero acabar con él, puedo hacerlo, lo estoy deseando, pero por más que mi espada alcanza su cuello algo me separa de él; no, no es algo, es mi mano, soy yo, él arremete con fuerza hacia mí, me va a matar, no puede ser…
Cierro los ojos.
No pasa nada.
En vez de clavarme su negra espada me arrebata la mía, pero en vez de atravesarme con ellas… tira las dos espadas lejos.
Yo en el suelo, esperando una muerte lenta, veo como se acerca lentamente, y sus ojos negros, ya no parecen carbón, sino piedras preciosas, arrebatadoras piedras, una sonrisa, no burlona, encantadora…
Se acerca, ya no quiero luchar, dos sentimientos se encuentran…
Entonces lo entiendo todo. Todo.
La oscuridad y la luz no son dos poderes para luchar, sino para convivir, caímos en el mismo truco que caen los humanos, la avaricia, el poder. Debíamos convivir. Dos fuerzas iguales, no hay bien sin mal; no hay muerte sin vida, no hay luz sin oscuridad… Nos peleábamos por el poder, pero ninguno podía ganar. Estaba escrito, juntos, siempre.
Me besa. Entonces siento como mi alma salta. Haces de luz poderosas iluminan el cielo, haces de oscuridad crean sonidos. La gente diría que son relámpagos y truenos, yo diría que era amor.
Lo abracé. No quemaba como decían las leyendas, no estaba frío. Era perfecto, oscuro, si, pero perfecto.
Entonces sacó una saga negra.
Me ha engañado, comprendí.
Él no ha entendido cual es nuestra finalidad.
Le intento hablar, pero se separe de mi y se clava la daga ene l pecho.
-¡No!
Corro hacía él, hacia esa sombra que empieza a desvanecerse. Me quería, me necesitaba, me amaba demasiado como para dar mi vida más adelante.
Lo entendí mal, y él peor aún.
Me mira, lloro.
No es así, le transmito, debemos existir los dos, sin ti no puedo existir, solo puedo morir.
Tapo la herida con mi mano, hago lo que puedo para que no sufra, mis manos, mi luz, se entremezcla con su sombra. Lo noto. Él sufre, le duele, pero después no, me succiona, nos mezclamos, nos fusionamos. Tiemblo, ¿qué va a pasar?
Él me mira tranquilo, sonriendo, me abraza.
-Juntos por siempre- susurra, mientras me voy pegando a él, y nos vamos convirtiendo en una sombra bicolor, no creáis que nos convertíamos en una sombra gris, sino que era oscura con rayos de luz por todo el cuerpo- ahora no nos separaremos nunca.
Cierro el diario.
Ahora entiendo porqué me dio mi madre este diario tan antiguo.
Entiendo que todo está unido, que todo tiene un sentido, un final.
Que el bien y el mal son dos poderes perfectos. Son el equilibrio, y son el amor, la amistad… Todo.
Pues el gris es un color bonito ¬¬
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